
Alme Organic nace de mi historia, de mi cuerpo y de mis raíces
Soy Miriam fundadora de Alme Organic, para mi es mucho más que un proyecto, es la síntesis de mi vida, de mi salud, de mi familia y de mi manera de entender la belleza y el bienestar. Mi historia con la cosmética natural empieza mucho antes de estudiar formulación o de abrir un laboratorio. Empieza en la tierra. En los almendros que ya mi abuelo cuidaba. En esos árboles que han acompañado a mi familia durante generaciones y que, sin saberlo, sembraron en mí una sensibilidad profunda hacia la naturaleza.
De niña, las visitas a esos almendros significaban un rato de correr, jugar y observar animales y plantas. De adulta, se convirtieron en mi origen. Hoy son el corazón de Alme Organic.
Un estilo de vida más natural: una necesidad, no una moda
Mi camino hacia una vida más natural no fue una elección estética, sino una necesidad vital. Convivo con la endometriosis desde hace años, una condición que me obligó a mirar mi cuerpo con más atención y a cuestionar mi estilo de vida, y todo lo que ponía sobre mi piel. Fue entonces cuando descubrí el impacto real de los disruptores endocrinos, presentes en tantos productos cotidianos. Y entendí que no podía seguir viviendo desconectada de lo que me rodeaba.
La naturaleza dejó de ser un lugar bonito para convertirse en un espacio de sanación. Y yo dejé de buscar cosmética para empezar a crearla.
Formación, ciencia y alquimia: mi manera de unir mundos
Mi pasión por la botánica y la necesidad de buscar soluciones a mis problemas de salud, me llevó a formarme de manera rigurosa y profunda. Estudié Naturopatía, donde comprendí el cuerpo como un sistema vivo que busca equilibrio. Me especialicé en Aromaterapia Científica, aprendiendo a trabajar con aceites esenciales desde la evidencia, la seguridad y la precisión. Me formé en Dermocosmética, para entender la piel desde un punto de vista fisiológico. Y también en Cosmética Sólida, buscando alternativas más sostenibles y respetuosas.
Aunque mi camino empezó lejos de la cosmética (estudié informática y durante años trabajé en el ámbito de la logística y la producción por cuenta ajena) hoy sé que nada de eso fue un desvío. Toda esa experiencia técnica, organizativa y operativa se convirtió en una base sólida para dar vida a este proyecto. La precisión, la planificación, la gestión de procesos y la capacidad de crear orden en el caos fueron habilidades que, sin saberlo, me prepararon para construir Alme Organic desde un lugar mucho más consciente y estructurado.
Pero hay algo más que atraviesa todo lo que hago: mi fascinación por la espagiria, la rama alquímica que estudia la planta en sus tres dimensiones (cuerpo, alma y espíritu). La espagiria me enseñó que una planta no es solo química: es energía, es historia, es vibración. Y que la cosmética puede ser un puente entre la ciencia y lo sutil.
Alme Organic nace justo ahí, en ese punto donde la botánica, la química suave y la alquimia se encuentran.

La pieza que completó el puzle
Dos años después de fundar Alme Organic, cuando todo empezaba a tomar forma y la marca dejaba de ser solo un sueño para convertirse en un proyecto con raíces, apareció Diego. O quizá sería más justo decir que nos encontramos, porque su llegada no fue casualidad: fue el tipo de coincidencia que solo ocurre cuando dos caminos que ya iban en la misma dirección finalmente se cruzan.
Nos conocimos en los mercados de artesanía, ese lugar donde la vida se vuelve más intensa, más humana y más auténtica. Él ya vivía ese estilo de vida, cercano a la tierra, al trabajo manual, a lo sencillo. Y desde el primer momento supe que había algo en su forma de mirar, de observar, de trabajar con las manos, que encajaba de manera natural con la esencia de Alme.
Diego es peluquero de formación, con más de quince años de experiencia en el mundo del cabello. Conoce la fibra capilar como quien conoce un lenguaje antiguo, y entiende cómo las plantas pueden transformarla, nutrirla y devolverle vida. Pero además, es jardinero de vocación, con más de ocho años dedicados a cuidar, observar y comprender las plantas desde su raíz. Esa doble mirada, técnica y botánica, es un tesoro dentro de este proyecto.
Su carácter meticuloso, su sensibilidad para lo artesanal y su habilidad para trabajar con precisión hicieron que su presencia se sintiera como la pieza que faltaba. Él aporta equilibrio, estructura y una forma de hacer que honra tanto la naturaleza como el oficio. Y sus conocimientos sobre el cabello y las plantas han enriquecido profundamente la visión de Alme, abriendo caminos que yo sola no habría imaginado.
Hoy, Diego es una parte esencial de este proyecto. No solo porque comparte el trabajo, sino porque comparte la filosofía, la calma, la intención y el amor por lo natural que sostienen cada producto que creamos.
Alme Organic creció conmigo, pero floreció de verdad cuando él llegó.